Me muero por ver la cara del niño al que cuente por primera vez el inicio del universo, los primeros vertebrados, el reino de los dinosaurios, los monos que se pusieron en pie, las ciudades y religiones, las grandes pirámides, los viajes de Ulises y las hazañas de Hércules, la historia de los valientes y libres atenienses, el bravo Filipo y su magno hijo, los humildes campesinos a los que amamantó la loba, el mayor imperio lleno de luz y sangre, la media luna y la cruz, las catedrales, espadas y coronas, los grandes genios y América, las primeras fábricas, el vapor, electricidad y penicilina, las nuevas ideologías para ateos hambrientos, la Coca-Cola y Michael Jordan, el mundo por primera vez en la mano, en una pantalla.
Y que después haga con eso lo que crea conveniente.
