lunes, 1 de abril de 2013

Ex

Hay una extraña sobrenaturalidad familiar en las formas y modos femeninos. En el asentarse sobre la tierra con raíces invisibles y a la vez alzarse a alguna altura sutil que los hombres sólo alcanzan a ver entre cirros. Es un mundo el suyo, no cabe duda, de arcanos y pozos y, a la vez, de flores. Qué puede desconcertar más a un hombre que una niña. Son un dejar a ellos jugar en el mundo de las ideas, de caballeros y balones, de gritos, sudor y gloria imperecedera. Toda mujer es una casa y quita y pone cortinas a su antojo.

Ellos, en cambio... La nobleza torpe del toro. El correr sobre la lluvia y el sol. Un cuerpo sobre el que resbala toda la creación, sin resquicios ni bifurcaciones. Para ellas, ellos, la columna. Para ellos, ellas, el dintel.

Para la piedra, la hoja, el viento o el gato, ambos, una rara anomalía.