El pobre hombre corría por ciénagas, espada insignificante en mano, en un pantanoso campo de batalla no muy lejos del cual divisaba una pradera en la que podía imaginar, ver a su mujer y sus hijos, junto a él, un domingo cualquiera bajo el calor del sol, comiendo fresas y levantando al pequeño en hombros. Sabía que lo más probable era una muerte absurda, sin sentido, sucia, a manos de un desconocido que nada tendría contra él.
El hombre gris, en un martes lluvioso, recorre el hall del edificio de oficinas al que llega doce minutos antes de la entrevista. Nudo medio Windsor, gemelos y cada punto del currículo estudiado. Las manos sudan un poco, la voz está algo aflautada. Piensa en las sábanas tibias que ha dejado, en el calor que casi puede verse emanar de la piel de ella. En ese aliento antes de despertar, el nexo de unión entre el nacimiento y la muerte. La responsable de Recursos Humanos es alemana. El trabajo es odioso. Sigue lloviendo.
El caminante con el abrigo de cuello alto va hacia la puesta de sol. Piensa en días pasados, en atardeceres. En aquellos atardeceres que todavía podrían recordarse tiempo después. Piensa en los te quieros dichos y escuchados. Piensa en el niño que era ante unas navidades ya inventadas por tan lejanas. Apenas recuerda tactos. Es consciente de que no ha vivido y de que, probablemente, de volver a intentarlo volvería a fallar. Ve una pareja a lo lejos, pero no le dicen más que la onda formada en el río por algún pez en ese momento.
El niño tiene una espada nueva. Su padre es herrero. Aún no sabe por qué le gusta mirar a esa niña rubia y solo sueña con tener su propio caballo y matar muchos sajones.
Las piedras en el lecho del río permanecen inmóviles como si alguien dudara de ello.
Efectivamente, la espada cae ensangrentada. Enfangado y moribundo, recuerda las fresas y piensa un adiós que no le da tiempo.
Creo que este puesto supone una buena oportunidad para desarrollar una carrera profesional a medio y largo plazo, que es lo que ahora valoro sobre todo lo demás. ¿Seguirá durmiendo ella? Acaba de morir algo. No era esto. No era esto.
Mañana no volveré a pasear. Ya está. Eso es todo. Solo quedo yo. Nadie que me recuerde. Os vais conmigo. No me atreveré. Solo espero cambiar de camino. He vuelto a fallar.
El niño duerme plácidamente.
El río sigue formando barro. Como antes de la llegada de los peces. Como después del sueño de la última mujer. Las fresas crecen silvestres, sin miedo.


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