sábado, 15 de septiembre de 2012

Compra

Acércate. Acércate a las escaleras mecánicas. Pon primero un pie, luego el otro. Mira el suelo blanco alejándose. Mira los dependientes, con colonias, libros, aparatos electrónicos, pulseras. Siente ahora tu existencia. Tu situación en el mundo, tu tiempo. Siente, mientras subes a la planta superior, la cercanía de la tumba. La muerte de personas queridas que conocerás. El nacimiento de los por venir. Estancias en mecedoras futuras con fantasmas meciendo las hojas de los árboles.

Siente el aroma de la carne. La persistencia de los lácteos. El suelo sigue limpio. Todos los dependientes visten igual. Los clientes vegetan alrededor. Siente el frío metal de los tornos, los problemas que las cajeras del supermercado han dejado en casa a las siete de la mañana. Recuerda otros tiempos que no has conocido: bombas, francotiradores, ajustes entre vecinos, campos de concentración, nieve sobre Praga, nieve sobre Berlín, sangre sobre la nieve. El tiempo en sepia de los abuelos, las nanas en un frío nocturno sin televisión. La mañana del día siguiente.

Sé que cuesta respirar. En un lado del pasillo, desodorantes. En el otro, decepciones y cartas tiradas a la papelera antes de enviarlas. Ojalá nevase fuera, pero es septiembre. No te rodean problemas dignos de aparecer en periódicos serios. Coge algo, págalo sonriente a la cajera. Sal de los grandes almacenes. Baja en la escalera mecánica y vuelve a una calle repleta de terrazas, turistas y mentiras disfrazadas de ilusiones. Dentro de no tanto tiempo estarás muriendo. Hace no tanto tiempo no existías. Has comprado comida preparada y ni siquiera te gusta.

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